Palabras de Esther Fernández Lago, Directora Pedagógica del Colegio Madre de Dios.
En el Colegio Madre de Dios nos sentimos profundamente orgullosos de poder decir que somos una gran familia. Esta no es solo una frase bonita o un lema, sino una realidad que se vive en cada aula, en cada pasillo y en cada conversación con nuestras familias.

Contar con una doble línea desde los 3 años hasta 4º de ESO, además del aula de 2 años y unos bachilleratos con un único grupo, nos permite disfrutar de un ambiente de cercanía y atención personalizada que marca la diferencia. Cada alumno tiene un nombre, una historia y un lugar importante dentro de nuestra comunidad educativa.
La acogida de los nuevos alumnos es un reflejo de esa forma de ser. Las familias suelen decirnos que “hacemos magia”, porque en cuestión de días sus hijos se sienten parte del grupo, como si llevaran aquí toda la vida. Lo mismo sucede con los nuevos docentes: quienes llegan de otros centros destacan el clima humano, el cuidado y la atención con la que se trabaja día a día.
En nuestro colegio, todos conocemos a nuestros alumnos. No solo sus tutores o especialistas, también las personas que acompañan su día a día: Aurora que los recibe por la mañana, Silvia en secretaría, Arancha en extraescolares, o nuestras monitoras de comedor, Adela y Luz, que han visto crecer a generaciones de alumnos desde Infantil hasta Bachillerato.

Esa estabilidad del equipo educativo y del personal no docente —que apenas cambia salvo por jubilaciones o bonitas noticias como bodas o maternidades— refuerza la sensación de hogar que caracteriza al colegio. El compromiso y la fidelidad de quienes formamos parte del Colegio Madre de Dios son el mejor reflejo de nuestra identidad.
Nos gusta que la comunicación con las familias sea sencilla y cercana. Sabemos escuchar, dialogar y buscar juntos soluciones o mejoras, siempre con la confianza que da poder hablar cara a cara, propiciando momentos de encuentro, aunque la tecnología, en ocasiones, también nos sirva de aliada.

A lo largo del curso, celebramos muchos momentos de encuentro que fortalecen los lazos: fiestas de graduación, reuniones de familias, el DOMUND, las exhibiciones de extraescolares, los festivales de Navidad o la fiesta de fin de curso. Y para esos instantes en los que no se puede estar presente, nuestras redes sociales abren una ventana para seguir compartiendo la vida del colegio.
También es habitual que, como Directora Pedagógica, sea yo quien reciba personalmente a las nuevas familias que visitan el colegio. En esas visitas, muchas veces escucho frases como “aquí se respira algo diferente” o “da la sensación de que ya pertenecemos a esta familia”.
Esos comentarios son motivo de mucho orgullo y satisfacción, porque reflejan algo muy real: desde el primer paso que se da dentro del colegio, se siente la cercanía, el cuidado y el calor humano que nos define.
Estamos convencidos de que educar de manera integral solo es posible si trabajamos en equipo. Por eso, contar con un AMPA comprometido y unas familias implicadas es una pieza clave en nuestro proyecto educativo.
En el Colegio Madre de Dios crecemos juntos, nos cuidamos y caminamos en familia. Porque la educación, cuando se vive desde el corazón, deja huellas que acompañan toda la vida.
